De ídolo juvenil a la comedia más irreverente: Las dos caras de la carrera de Lindsay Lohan
Resulta prácticamente imposible hablar de la cultura pop de las últimas décadas sin tropezar con el nombre de Lindsay Lohan. Hemos visto a esta actriz crecer frente a las cámaras, pasando de ser la eterna niña prodigio a una figura de Hollywood capaz de capturar la complejidad de los personajes que caían en sus manos. Su trayectoria es un viaje lleno de contrastes. Por un lado, nos ha regalado cintas que marcaron a toda una generación y que resultan perfectas para una maratón de fin de semana. Por otro, cuenta en su currículum con proyectos tan disparatados y polémicos que parecen sacados de otra dimensión.
Los clásicos que marcaron a una generación
Para entender el fenómeno Lohan, hay que volver a sus orígenes. Su debut en la gran pantalla con Tú a Londres y yo a California dejó claro que no era una estrella infantil cualquiera. Dar vida a dos gemelas idénticas separadas al nacer, que conspiran para reunir a sus padres divorciados, requería una madurez actoral insólita para su edad. Aquel remake de Disney rebosaba corazón y nos mostró su capacidad para dotar a cada hermana de una personalidad única.
Esa misma chispa la llevó a protagonizar joyas de la comedia adolescente como Chicas Malas. Esta cinta, bajo el brillante guion de Tina Fey, disecciona sin piedad las jerarquías sociales de los institutos americanos a través de Cady Heron, una joven educada en África que debe sobrevivir en la jungla de la escuela pública. Lohan equilibra a la perfección la inocencia de los primeros días con la malicia que va adquiriendo, convirtiendo la película en una crítica afiladísima sobre la rivalidad femenina.
La transición hacia papeles más adultos no le impidió seguir reinando en el cine familiar. En Ponte en mi lugar (el título con el que se conoció Freaky Friday en España), formó un tándem desternillante con Jamie Lee Curtis. Ambas intercambian cuerpos en una historia que explora la siempre complicada relación entre madres e hijas adolescentes. Poco después, Lohan demostró que podía echarse a la espalda proyectos llenos de acción al ponerse al volante de un escarabajo con vida propia en Herbie: A tope, liderando una historia inspiradora sobre la amistad y el mundo de las carreras.
Incluso en comedias aparentemente más ligeras como Quiero ser super famosa (su título español para Confesiones de una típica adolescente), Lohan conseguía brillar. Interpretando a la soñadora y excesiva Lola, logró plasmar las frustraciones, las envidias y los triunfos de crecer fuera de la gran ciudad. Su magnetismo conseguía elevar cada uno de estos guiones, convirtiéndolos en visionados casi obligatorios.
Un giro radical hacia el humor sin filtros
Ahora bien, la filmografía de la actriz también esconde rincones mucho más oscuros y sorprendentes. Si sus clásicos celebran la amistad y la superación, su participación en cintas como InAPPropriate Comedy (2013) busca dinamitar cualquier convención social. Se trata de una película de sketches para adultos que se propuso la nada sutil tarea de ofender a absolutamente todo el mundo.
Lejos del encanto de sus primeros años, esta comedia se mueve por los pantanosos terrenos del humor racial y sexual. Piensa en esos chistes de mal gusto que escucharías en el patio del colegio cuando los chavales de doce años intentan hacerse los graciosos; ese es el nivel de la cinta. Nos encontramos con segmentos como el de “Flirty Harry”, donde un irreconocible Adrien Brody da vida a un rudo detective de San Francisco que se comunica exclusivamente a base de dobles sentidos homoeróticos. La gente a su alrededor no da crédito, más que nada porque resulta imposible soltar tal cantidad de comentarios fuera de lugar sin saber exactamente lo que estás haciendo.
La película no pisa el freno en ningún momento. Introduce parodias urbanas como “Blackass”, que toma la fórmula de Jackass pero sin margen para la sorpresa, ya que parodiar algo que de por sí es absurdo deja poco espacio para la escalada. También hay hueco para “The Porno Review”, un sketch donde Rob Schneider, Michelle Rodriguez y Jonathan Spencer se dedican a reseñar cine para adultos con la misma seriedad que si estuvieran en un programa de crítica cinematográfica tradicional. Curiosamente, la seriedad absoluta de Schneider y Rodriguez, contrastada con la actitud perturbadora de Spencer al fondo, arranca alguna carcajada genuina.
La delgada línea de la provocación
Quizá la parte más deliberadamente molesta del filme sea la de Ari Shaffir y su segmento recurrente “The Amazing Racist”. La premisa es exactamente la que imaginas: pasearse por la ciudad siendo agresivamente racista con todo el que se cruza. Monta operaciones ilegales de inmigración por su cuenta y se presenta en mercados judíos con peticiones antisemitas, por mencionar solo las barbaridades más reproducibles.
La cinta cumple a rajatabla su misión de acumular todo el valor de choque posible en su metraje. Evidentemente el equipo se lo pasó en grande rodando estas locuras, y parece que todos los implicados sabían a lo que iban. Salvo por el aplomo de Brody, que se sale tanto de su registro habitual que no te queda otra que aplaudir su entrega, el tono general es tan grosero que casi resulta más productivo meterse en los foros de 4chan si buscas humor negro. Al menos de internet te puedes desconectar cuando te hartas de ver basura y seguir con tu día.
El humor ofensivo tiene su público y no es intrínsecamente malo. El problema surge cuando falta el ingenio necesario para que los chistes realmente aterricen con sentido. Es posible que este tipo de provocaciones logren sacarte una sonrisa torcida de vez en cuando, pero hace falta tener un sentido del humor muy particular para soltar una carcajada con cada uno de estos sketches. Al final, explorar la carrera de Lindsay Lohan implica aceptar todas sus facetas, navegando desde las fábulas juveniles más entrañables hasta los experimentos cinematográficos más escandalosos y desvergonzados.